en esa última lágrima,
que entró en tus labios
pude ver que lo nuestro
ya no existe.
escóndeme con gusanos
(con aquellos que no han probado la amargura de envejecer)
¡qué carcoman mi corazón!
escóndeme y déjame:
sólo, sucio, maldito,
enterrado
y ciego.
déjame encontrar la felicidad
en el más temible silencio.
lunes, mayo 18, 2009
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